Juan Antonio López Larrea:ELEGÍA A UNA CAMISA, GENTIL Y POSTINERA

Tenías hechuras de galán de cine aunque dobladas de bondad, asunto que no pocos secretamente envidiábamos. Apuesto también lo fuiste un rato largo y hasta el mismito final, que tampoco es moco de pavo.
Eva, la «pequeña gran giganta» te enamoró y cosió para siempre a su vera, pero generosa nos cedió el usufructo de tu enorme capacidad para la amistad, la militancia, la camaradería y el escuadrismo.
Dice el Dicho: «están los que siempre puedes contar con ellos, son los buenos. Luego están los que nunca fallan, son los mejores. Y luego están los que siempre están, esos son los imprescindibles.
Tú siempre estabas…
En Paris tocando a la puerta de Le Pen cuando Le Pen todavía era el Menhir, en Atenas cuando Alba Dorada tan solo era un grupo de amigos, con los rumanos trashumantes de Mota y Marín, en Milán con Morsello… allí donde existía una posibilidad de crecer, allí estabas.
Citaba a Massimo, que nos dejó temprano y cómo tú tras luchar viril y caer derrotado contra el cáncer, recuerdo que me participaste (yo no lo conocí) de su entereza una tarde que echabais vinos con cigarros en la puerta de algún antro y te hablaba de Europa, de nuestra herencia, de nuestra responsabilidad por ser sabedores de la verdad, del heroismo de nuestra batalla… y todo aquello lo decía conociendo que sus horas estaban contadas.
Admirabas a Massimo y hoy él seguro se siente orgulloso de tí.
Cómo yo.
Cómo Nosotros.
Tenías ese rarísimo don en el mundo azul de reconocerte exactamente en el espejo de nuestra historia. Sin aspavientos ni sonrojos, sin complejos…
Fascistas, y punto.
Pero bueno, Felipón, no insistiré en los trámites de obituario, halagos útiles aunque sinceros, pues ya cientos de camaradas lo han hecho con la emoción propia de los tantos que te querían. Permíteme la licencia de irme por los cerros de Úbeda, que es provincia de Jaén y niña bonita del César Carlos.
Yo quiero recordarte a todos siempre alegre para la posteridad en tu faceta de tenor en nuestras reuniones, y líder indiscutible de la «Coral Polifónica de Sordomudos de Auschwitz-Birkenau», con Cuco, Antonaya, Cuesta, Marta, otros cuantos y un servidor a los humildes coros.
-Soy guerrillero
-Soy guerrillerooooooooo
-De Cristo Rey
-De Cristo Reyyyyyyyyyyy
-Y en cada pueblo tengo un arsenal
-Y en cada pueblo tengo un arsenaaaaaaaal
Seremos posiblemente belicosos, pendencieros, testarudos, a veces bruscos, románticos, sin duda leales, tal vez suicidas… pero ante todo… ante todo: los fascistas somos grandes cantantes. Cantantes de taberna y marchas, que no los conozco mejores.
Pon un tambor delante de una bandera y arranca un himno… los buenos te seguirán hasta donde el horizonte se confunde con el sol.
Y Felipe dirigía el combo cómo nadie:
«De Portugal ha llegado, de Portugal ha venido al que llaman rey de España y en España no ha nacido.
El que quiera una corona que se la haga de cartón, que la corona de España no es para ningún Borbón».
Querido camarada: el inmenso vacio que dejas entre nosotros no lo puede llenar siquiera la certeza de que ya te sientas en la mesa de los Mejores. Solo nos resta el consuelo de cantar, cantar alto, hacerlo a gritos, cantar bajo la custodia de las banderas eternas, cantar frente a una copa de vino… cantar a la vida y a la muerte -que la misma cosa son- cómo solo un fascista sabe hacerlo.
«Allá por la ancha carretera camina un apuesto mocetón… ¡es Felipón!».
Que pocas veces desde el 36, la camisa lució tan gentil y postinera que sobre tu pecho.
Mi humilde ¡PRESENTE! de camarada para tí Felipe Pérez, esencia, testimonio y verso de la Camisa Azul.

LARREA SEP/20

http://elcadenazo.com/

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